miércoles, 9 de abril de 2014

Remains of the search

Interesante.

Ahora, cuando ya no tengo 15 años y reveo la “escena del libro” del enorme Remains of the day (dir. James Ivory, 1993, UK, USA), noto toda una tensión que en aquellos dulces entonces no tenía ni idea de que podría llegar a existir.

Este momento en que Mrs. Kenton (Emma Thompson) le toca la mano para ver qué leía Mr. Stevens (el mejor Anthony Hopkins que jamás he visto), este momento en el que la fuerza tierna de ella es capaz de sacar el libro de las de él, que lo sujeta como si de algo repugnante o terrorífico se tratase, cuando solo es un libro que va de romances y… amor. Pero peor que el asco o el miedo que la pueda generar, lo que sí le preocupa es que vea que sí, puede que tenga sentimientos, que se muera por dentro. Que se tensa al quedarse a medias de tocarla el pelo, aunque sea para proteger a su “secreto”. Que no se permite apenas mirarla, entre la vergüenza y el miedo.

Este hombre que “justifica” la lectura de tal libro como materia para ¡enriquecer sus conocimientos de la lengua inglesa!



En aquellos días, realmente no era capaz de ver todo eso, toda esa tensión.

Entonces, la verdad es que todo me parecía muy bonito, desde un punto de vista estético – esta Inglaterra me fascinaba y lo hace hasta el presente, pero ya encontraré manera de hablar de eso luego.

Pero hoy lo veo y me tenso. Mucho.

Porque ya puedo reconocer a estos sentimientos, ya me suenan mucho.

Porque soy capaz de ver un poco por detrás del muro transparente de los ojos de Mrs. Stevens. Porque puedo sentir con el corazón de Mrs. Kenton. 

Porque les puedo entender a los dos.

Y me cabreo muchísimo porque él no se mueve, porque se pierde en un mundo que no es suyo, en realidad.
Y me cabreo muchísimo por parecerme una gran metáfora para la vida misma, y para todo lo que vamos dejando pasar y perdiendo, bien sea porque intentamos vivir en un mundo o realidad diversos del nuestro o bien por quedarnos atascados, parados, esperando por algo indefinido, al que nunca conseguimos dar una respuesta satisfactoria.

Pero por una razón u otra, lo que se queda claro es el hecho de que siempre se perderá algo muy importante u obvio, lo que es peor.

Y cualquiera de las dos razones hace con que, aunque involuntariamente en alguna ocasión, nos construyamos muros imaginarios, que delimitan nuestro espacio vital a algo muy reducido. El muro de la facade de Mr. Stevens.

Lo de Mr. Stevens es una búsqueda hacia la perfección en servir a su “señor”, por encima de cualquier otro elemento que se le pueda presentar, sea la muerte de su padre o que se le escape por los dedos el amor..

Muchos de nosotros buscamos, pero no sabemos qué exactamente y nos tiramos la vida buscando y la búsqueda, en reiteradas ocasiones, es lo que nos hace quedar parados, stuck in the middle, por paradójico que parezca.

Porque cuando buscamos, casi siempre ponemos todo nuestro esfuerzo solamente en llegar adónde queremos llegar, sin importarse con lo que se nos presenta alrededor.

Hay que pensar que el que camino lleva adónde queremos llegar, puede esconder muchas más sorpresas buenas que el destino en sí mismo.

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