martes, 8 de julio de 2014

Together is a pain inside

Together is a pain inside...
Me he equivocado al leer algo que yo misma había escrito, mezclando frases e invirtiendo el orden de mis palabras.
Y sí, al final veo alguna lógica entre que juntos es un dolor interior con el tema de esta entrada: el dolor que hay en canciones que se quedan ahí como ropas de gente querida muerta o que se ha ido por alguna otra razón. O que sencillamente deja huella, pero que nunca llegó a ser más que un aura que marcó misteriosamente la huella por el camino realmente.
Tengo muy presente dos canciones que me han llevado a pensar exhaustivamente en este tema.
Canciones fetiche, desde el momento mismo que las escuché.
Una es justo Together, de Patrick Wolf de su disco Lupercalia (UK, 2011), a la que escuchaba al cambiar las palabras.


Me sofoca su voz, su manera dramática de escenificar el dolor de la culpa por alguien que ya no está ahí. I see nothing without you, gime. Me torturo yo a su lado; por un momento, soy su fantasma y siento como tan mío su llanto. Es mío también su llamamiento.
Le veo a cada momento que se escarifica, humillándose casi, implorando por un perdón que no parece muy cerca. Tan lejos como él, alto, ahí parado en un tejado de Berlin, mirando el mundo al que puede enfrentar solo, pero que sería tanto mejor si estuviesen juntos. Blanco y pálido, frío y desprotegido. Pobre chico al que quiero abrazar y amparar de su dolor, besar sus ojos llorosos, sus labios tristes.
Pienso que hay que ser casi cruel para dejarle así, pero claro, toda historia tiene dos lados y aquí solo soy capaz de ver el suyo - es el único que enseña; dice que es celoso pero no lo profundiza. De todas maneras, su dolor me parece tan intenso que es todo en lo que me quiero centrar ahora mismo, mirarle como a un cuadro. Sentirle como el arte mismo. Ver sentido en cosas que no son o que son solo hipotéticas, otra vez como el arte.
Veo flirteos de un comic manga en el que le salen alas, blancas y lívidas como él, y que le llevan de encuentro a su amor. Qué hermoso se le ve con alas... 

Segunda canción fetiche, Fidelity de Regina Spektor (Begin to hope, US, 2006).


Una de estas canciones que te podrías llevar en el bolso para ir de compras por un centro comercial, pero por favor, ni se te ocurra prestar atención a la letra!! Como puede que ose tanto al meter cosas tan dolorosas en una canción tan aparentemente feliz? Esta nuestra persona exterior normal que convive con mundos interiores se derrumban. Contradicciones humanas que son escudos, en realidad.
El hecho es que esta canción específicamente es la que me trajo a la mente este sentimiento de que sigues siempre teniendo algo guardado que te evoca dolores o sentimientos menos alegres pero que por alguna extraña razón no eres capaz de deshacerte de ello. Recreando escenas, creando diálogos que jamás se darán.
Por qué lo hacemos?
Creo que en algunos momentos somos llevados por una necesidad casi que masoquista de hacernos daño voluntariamente, pero también creo que tendemos a glamourizar el dolor demasiado - y un dolor de amor, oh, qué bonito... (Siempre quise morir de amor en la adolescencia y quizá sea un mal del qué uno nunca se termina de curar.)
Lo hacemos a lo mejor porque el dolor es un sentimiento y sentir es pensar y creo realmente que el acto de pensar es revivir, nos transportando a momentos a los que nos gustaría volver, hacerlo distinto, hacerlo igual, pero tener la oportunidad de sentirlo otra vez. Nuestra fuerza parece mucho más potente cuando es usada para dirigirnos hacia esta necesidad urgente de sentir y tocar y mirar y oler que para hacernos olvidar.
Recordar es vivir y que alguien te cante sus/tus propios dolores es además de vivir el tuyo propio es hacerte más humano al acercarte al otro y verte reconocido, amparado por la idea de que hay otros como tú.
Es una manera de ver que no estamos solos en nuestra jornada de corazones partidos, arrepentimientos y deseos. A lo mejor, como se dice tan lindamente en español...
La música sencillamente me dice tanto que no soy capaz jamás de estar inmune a lo que me canten al pie de oreja.
Yo, definitivamente, escucho toda esta música y me pierdo en medio a voces, en medio a canciones, que me rompen el corazón un poco. Como canta Regina.
Pero, como todo es así muy bitter sweet, ahí vamos con estas dos expresiones máximas del teatro griego, llorando por un lado y sonriendo por otro. Naturaleza humana, una vez más.
Al final, nos sonreímos mucho más que cualquier otra cosa y con muchas más alegrías que penas, que la vida en realidad es más bella de lo que vemos - pero esto ya para otra ocasión.
De momento, shake it up.

No hay comentarios:

Publicar un comentario