martes, 15 de julio de 2014

Aire


Hacia aire, fuerte, que la agarraba por todas partes de su cuerpo. Su cintura, su pecho, su pelo.
Había momentos en los que imaginaba que este aire eran los brazos de él a acercarla a su cuerpo, con una fuerza suave e intangible. Suave e intangible como él mismo. Intocable e imposible.
Había otros cuándo parecía que la afectaba físicamente, haciendo con que su corazón latiera más fuerte. Aún.
Pero sobre todo, quiso imaginar que este mismo aire la llegaba de la tormenta de él. Por ella.
Y lo deseó más que nunca.
Tocaba su pelo, lo levantaba, para que el viento besase su cuello. Es él quien lo besa.
Su vestido suelto, se pegaba a su cuerpo, y a veces la provocaba una ola de estremecimiento. Él la veía desnuda bajo el vestido. Sus ojos tienen tanto poder...
Abrazaba su cintura, imaginando las manos de él en lugar de las suyas mismas.
Abría la boca, mordía su labio. Se besaban.
Por fin se sentía poseedora de su aliento, pero también era poseída por ello. Querido mío.
De poder, se hubiera hecho ella misma aire, para ir besarle a él. Sus palabras.
Y así se quedó, parada, dejándose querer y coger por el aire, entregándose a la dulce enfermedad a la cual amarga medicina la esperaba.
Enferma de las ganas de amar, toda hecha entrega, toda hecha deseo... 


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