lunes, 19 de mayo de 2014

Cómo conocí a vuestra madre e historias de embrujamiento


Hay una felicidad tan mágica y auténtica en esta canción que realmente me enamora.
Sin metáforas, lo mío con ella es un amor genuino, que me hace volar las mariposas del embrujamiento romántico, que me rozan delicadamente por toda la espalda y se llevan mis rizos de paseo. 

Porque me coge de la mano y salimos a correr, fields of gold, hasta que lleguemos a un determinado día y momento.
Y paramos en este segundo sempiterno, de paz, olor a flores y silencio, pero también de euforia y de una alegría de estas que me dan y me hacen saltar, dejando una sonrisa tonta en la cara.

Porque su voz me dibuja romances en el aire y puedo tocar cada beso con toda la suavidad más dulce que me permitan mis manos.

Porque he pasado a verle todos los días efectivamente, aunque sea con los ojos de la mente.

Y, sobre todo, porque es su movimiento el que me lleva - de vuelta, a otro lugar, donde renacen, a cada recuerdo, las ganas de comerme el mundo – a besos y canciones felices.

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