Interesante escuchar Pink Floyd (The Final Cut, 1983) y que el ruido rutinero de la gente en el tren se mezcle con los sonidos casi divinales de Waters, Gilmour, Mason y Wright.
El ruido blanco es casi como si esta gente estuviese dentro de mi museo particular, aunque involuntariamente y sin darse cuenta.
Y, a la vez, yo les hago objecto de estudio, y soy yo la que quiere entrar en sus museos, que quiere ver bajo la superficie. Pero sin conectar exactamente, solo ejercer mi derecho a ser voyeur. Soy yo la artista que les quiere pintar y colgarles en mis paredes.
Me ha parecido sobre manera interesante la camiseta de una chica que ponía "Todo el mundo necesita... a un Psicólogo".
No podría estar más de acuerdo.
Y más cuando mientras escucho a Waters meterse en mis recuerdos con sus llantos de pérdida y sus recuerdos de la guerra que le ha quitado al padre, dejándolo una madre amargada y sembrando el camino hacia la genialidad triste e incomprendida...
Sí Roger dear, todo el mundo necesita a un psicólogo.
Ay, The Final Cut... Nunca entendí porque es un disco marginado por la gente y la crítica en general, porque a mí siempre me ha encantado, incluso por el hecho de que las penas de Waters sirvieron de banda sonora para muchas de mis penas adolescentes, y por eso siempre le tendré mucho cariño a este disco.
Pero hoy, me hace gracia que sus penas hablasen de los fantasmas dejados por la guerra y de cómo Tatcher y Reagan llevaban el mundo bajo sus manos en aquellos días.
Porque yo solo me quedaba, y solo llegaba desde un punto de vista de mis conocimientos del Inglés en aquel entonces, con la idea de que nunca habíamos tenido el valor para hacer el final cut y la duda de que si te enseñara mi lado oscuro aún me abrazarías por la noche ("if I show you my dark side,/ will you still hold me tonight?").
Waters, tus penas sonaban tan ingenuas y pueriles en mis manos, sin guerras ni muertes sangrientas, acuerdos políticos intrincados o fantasmas que han aparecido dentro de tu alma. Eran todo dolor por amores adolescentes incumplidos y tristezas naïves.
What have we done?
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