martes, 13 de mayo de 2014

The Final Cut

Interesante escuchar Pink Floyd (The Final Cut, 1983) y que el ruido rutinero de la gente en el tren se mezcle con los sonidos casi divinales de Waters, Gilmour, Mason y Wright.

De igual manera, es interesante ver como este ruido, que penetra en los silencios pink floydianos, se va inmiscuyendo en mis recuerdos, a los que veo casi como un cuadro pintado en mi memoria, en algún lugar casi perdido de un rincón de mi cerebro.

El ruido blanco es casi como si esta gente estuviese dentro de mi museo particular, aunque involuntariamente y sin darse cuenta.
Y, a la vez, yo les hago objecto de estudio, y soy yo la que quiere entrar en sus museos, que quiere ver bajo la superficie. Pero sin conectar exactamente, solo ejercer mi derecho a ser voyeur. Soy yo la artista que les quiere pintar y colgarles en mis paredes.
Me ha parecido sobre manera interesante la camiseta de una chica que ponía "Todo el mundo necesita... a un Psicólogo".
No podría estar más de acuerdo.
Y más cuando mientras escucho a Waters meterse en mis recuerdos con sus llantos de pérdida y sus recuerdos de la guerra que le ha quitado al padre, dejándolo una madre amargada y sembrando el camino hacia la genialidad triste e incomprendida...

Sí Roger dear, todo el mundo necesita a un psicólogo.

Ay, The Final Cut... Nunca entendí porque es un disco marginado por la gente y la crítica en general, porque a mí siempre me ha encantado, incluso por el hecho de que las penas de Waters sirvieron de banda sonora para muchas de mis penas adolescentes, y por eso siempre le tendré mucho cariño a este disco.
Pero hoy, me hace gracia que sus penas hablasen de los fantasmas dejados por la guerra y de cómo Tatcher y Reagan llevaban el mundo bajo sus manos en aquellos días.

Porque yo solo me quedaba, y solo llegaba desde un punto de vista de mis conocimientos del Inglés en aquel entonces, con la idea de que nunca habíamos tenido el valor para hacer el final cut y la duda de que si te enseñara mi lado oscuro aún me abrazarías por la noche ("if I show you my dark side,/ will you still hold me tonight?").

Waters, tus penas sonaban tan ingenuas y pueriles en mis manos, sin guerras ni muertes sangrientas, acuerdos políticos intrincados o fantasmas que han aparecido dentro de tu alma. Eran todo dolor por amores adolescentes incumplidos y tristezas naïves.

What have we done?

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